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De
pie, como vivió su vida...
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En 1940 Valledupar era un villorrio liberal
de estirpe española rodeado de cimarroneras de ganado, era también
una estación obligada y grata para los viajeros trashumantes que
llevaban novillos a Venezuela o traían mercancía desde la alta Guajira
hacia el interior. Un punto en el mapa del Magdalena Grande. Allí
nació Consuelo, la menor de los nueve hijos de Santander Araújo
y Blanca Noguera. Su juventud transcurrió en medio del amor de sus
hermanos en un ambiente de lecturas y poesía. |
| No fue a la universidad pues, tras la
muerte del padre, las mujeres de la casa debieron trabajar para
ayudar a costear la vida y el estudio de los varones. Sin embargo
Consuelo fue autodidacta y su voracidad literaria la hizo dueña
de una cultura envidiable. A mediados de los años 60 un puñado de
jóvenes vallenatos, entre los que se encontraba Consuelo, se empeñó
en crear el departamento del Cesar. Su mito comenzó a la par con
la historia de su departamento. Fundó el Festival de la Leyenda
Vallenata con el maestro Rafael Escalona y el ex presidente Alfonso
López, y se dedicó con un empeño inusitado a estructurar alrededor
de Valledupar y el Festival lo que hoy se conoce como el folclor
vallenato. En su libro Vallenatología codifica aires y ritmos que
hasta entonces eran manifestaciones musicales instintivas de juglares
errantes y de la bohemia épica de la ‘provincia de Padilla’. |
| Escritora, católica fervorosa, poeta, líder
cívica, columnista aguerrida de El Espectador desde su columna
‘Carta Vallenata’ y guardiana infatigable del Valledupar de
su heredad desde Radio Guatapurí, Consuelo fue defensora feroz
de su pueblo y de su gente y se erigió en alma de la Vallenatía,
como ella misma definió la esencia pura y esa particular forma
de ser y concebir la vida desde el punto de vista de su ciudad.
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| Un día, en medio de una entrevista,
en un arranque, escribió en un papel: “Aquí yace Consuelo
Araújo, de pie, como vivió su vida” —ese quiero que sea mi
epitafio— ¡acuérdense! El primero de septiembre 50.000 personas
acompañaron indignadas a su Cacica hasta la última morada.
Acordeones y flores de trinitaria fueron el emblema de su
despedida como símbolo de su vida. En el entierro el maestro
Escalona dijo conmovido: “Si llorar por dentro cuenta, yo
me estoy ahogando”. En la memoria vallenata Consuelo Araújo
Noguera, la mujer que nació con el poder de concretar sus
sueños, nunca morirá, al contrario, vivirá para siempre entre
la realidad y la fantasía, vestida de pilonera, elegante,
sencilla, distinguida, autóctona, perenne en la memoria de
su gente, eterna entre el mito y las nostalgias de la Leyenda
Vallenata. |
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